LA CULTURA EN TIEMPOS DE PAZ

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abril 27, 2017

LA CULTURA EN TIEMPOS DE PAZ

Por: Ana Cristina Arguelles Orozco

 

Las primeras líneas de esta aventura en la que me embarco como blogguera, las dedico a compartirles de un tema que me apasiona y del cual hoy me arriesgo a escribir.

Sé que muchos somos conscientes de lo megadiverso y lo pluricultural que es Colombia. A medida que ha pasado el tiempo y hemos ido creciendo, nuestros ojos han sido testigos de la vitalidad y riqueza cultural de esta tierra.

Quizás muchos o quizás pocos aun conservamos algo de optimismo y orgullo por este suelo que pisamos, aunque nos creamos en las instituciones que nos rigen y en los que dirigen sus designios. Sabemos que la potencia cultural de este país radica precisamente en su diversidad.

Raizales, palenqueros, pueblos indígenas, afros, mestizos, migraciones externas, comunidades campesinas, construyen y enriquecen ese enorme abanico de colores, de mundos y de identidades en este bello paraíso. Estar ubicados en la puerta de entrada de América del Sur, nos dio ese enorme privilegio.

En cifras, existen en total 87 etnias indígenas diferentes distribuidas en el país, la población afrodesciente ocupa un 10 6 %, y es la tercera más grande del continente americano después de Estados Unidos y Brasil.

Con toda esta riqueza de grupos, hemos construido diálogos interculturales y se han tejido a lo largo del tiempo representaciones simbólicas y manifestaciones provenientes de estos pueblos, en los que se han plasmado los valores, los modos de vida y comportamientos colectivos que hoy conocemos dentro del territorio. Modos que han sido reproducidos y difundidos a través de procesos creativos y expresiones culturales.

Sin duda la cultura ha sido un motor de desarrollo en el país. Incluso durante la cruenta guerra, que a pesar de ser un mal que nos demoramos mucho tiempo en desterrar, también fue propulsora de nuevas manifestaciones culturales en el territorio, fue el medio para hacer catarsis de muchas comunidades azotadas por el conflicto.

La violencia influyó notablemente en esas expresiones culturales, el desplazamiento del campo a las ciudades tuvo sus implicaciones en el sentido de pertenencia de las comunidades. E influyo en todos, nos cambió la visión de país y de cierto modo nos llevó al pesimismo.

El miedo y el sentimiento de desarraigo involuntario, debido al cambio de costumbres, generó un fuerte impacto en la vida cultural. Pero a su vez, el conflicto también trajo consigo nuevas memorias, fue un catalizador, un medio para expresar la resistencia de los grupos sociales que vivieron de cerca este fenómeno.

Durante esa época fue donde más surgieron organizaciones y gestores territoriales, procesos creativos y emprendimientos que han permitido el crecimiento de las industrias culturales en el país.

Y ahora que estamos atravesando este momento histórico y crucial para el país de construir la paz, es donde la cultura debe jugar un papel fundamental como nunca, ya que es ella la puerta de entrada que capta desde la naturaleza de los sentidos humanos para la reconstrucción del tejido social y para la generación de acciones de impacto local.

La cultura cumple una función social, la de recordarnos los valores nuestros, para decirnos permanente de dónde venimos, cuál es nuestra historia, qué bienes materiales e inmateriales poseemos y configuran nuestra identidad.

Trabaja en rescatar y hacernos volver a ese diálogo intercultural en el que, a pesar de existir diferentes visiones de mundo y modos de ser, logra distensionar y propiciar el espacio para la construcción de una nueva convivencia y reconciliación.

La paz necesita de la cultura, es su principal aliada, es su catalizadora. Pero la cultura también necesita ser reconocida y ser colocada en el lugar que merece en el crucial papel que juega. Muy bien sabemos que en el gobierno nacional la paz ha sido la gran bandera de todo su accionar, estamos en un momento donde la paz permea todos los sectores, la paz es el principal proyecto de nación, la paz necesita abrirse paso en nuestra historia.

Pero aquí es donde viene un cuestionamiento ¿Será que se han planteado políticas en el gobierno para que el papel de la cultura sea importante durante el posconflicto? Recordemos que, según la organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, cada país debe invertir en cultura el 2% de su PIB (Producto Interno Bruto), pero en Colombia eso no aplica, teniendo en cuenta que su presupuesto para esta cartera siempre ha sido precario y en 2017 disminuyó en un 9% pasando de $319.166.000.000 en 2016 a $302.024.000.000 debido al recorte fiscal.

Y aunque todo hay que decirlo, este periodo de gobierno en comparación a anteriores ha invertido más en cultura, aun así, sigue existiendo el interrogante de porque el presupuesto de otras carteras es indiscutible y el de cultura y educación en este país es fácilmente manipulable, ¿Que les hace pensar que invertir en otros temas distintos sea más eficaz para lograr la paz que ampliar los presupuestos un poco más para la cultura y la educación?

 

Finalmente, acaba de der aprobada la Ley Naranja en el Congreso de la república, ley que busca impulsar el desarrollo, fomento, y protección las industrias creativas en el país.  No obstante, deja un sinsabor, ya que parece beneficiar más a las multinacionales con la reducción de impuestos y convertir a los gestores culturales en simple mercancía que deben ajustarse a las leyes del mercado para poder sobrevivir mientras el gobierno reduce cada vez más su apoyo hacia este sector.

Es una verdadera lástima que el gobierno colombiano no entienda que las manifestaciones artísticas son el puente más directo para el mejoramiento social de nuestra niñez y juventud en el presente escenario del posconflicto. Para quienes lo dudan, la cultura contribuye de manera enorme a la tan anhelada transformación social del país.